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Sermons & Spiritual Reflections: El Amor de Dios Revelado

Mary Ellen Lopata
De La Homosexualidad y la Escuela Secundaria Católica
La Red Educativa de la Vida Familiar Católica de Ontario
Septiembre de 2001

HRC archives a collection of Sermons and Spiritual Reflections by pro-GLBT clergy from across the country.  Drawing from the holy texts of their faith traditions, the authors of each selection present perspectives that affirm the lives of the GLBT faithful and advocate for equality from their faith tradition.  The collection’s interview transcriptions, sermons, coming out worship celebrations and spiritual contemplations are ideal for either group study or individual reflection.

El Amor de Dios Revelado
Reflexiones de una Madre Católica

En Noviembre de 1983, mi hijo mayor, Jim (de 19 años de edad) estaba sentado en nuestro sofá, y con lagrimas en sus ojos, dijo, "Mamá, me siento solo. Me siento solo por un hombre." En aquella ocasión, el no se refería a ningún hombre en particular.  Sus simples y conmovedoras palabras "me siento solo" describían su experiencia personal de desear compañerismo y amor, como un hombre gay. Ese fue el principio de mi educación. Aprendía que el ser gay no es solo sobre sexo, pero sobre amor, afecto, cariño, apoyo, confianza, buen humor... todas esas cosas que uno espera de una relación heterosexual.

Paso mucho tiempo antes de que yo apreciara el dolor que él sentía al decirme esto, cuánto valor tomó para decirme, y cuánta confianza él tenía en mí y en nuestra relación. Me gustaría decir que tomé las noticias bien. Pero me sentía confundida y asustada. Llore y llore. El haber nacido y criado en una familia tradicional, Católica Alemana, y el haber asistido a una escuela Católica por 12 años no me habían preparado para ésta noticia. Cuando yo crecía había poca charla sobre el sexo y no recuerdo el haber escuchado la palabra "homosexual" antes de que me casara y tuviera hijos. Yo estaba segura que nunca había conocido o hablado con alguien gay. Todo lo que yo creía sobre la homosexualidad era lo que la psicóloga Maria Borhek, llama "asumir inconscientemente" –y todo era negativo. Pero Jim era la primera persona gay que yo realmente conocía y solo por ser él mismo, él desafió todos los estereotipos de la gente gay que yo tenia.

La única cosa que sabía por seguro era que yo amaba a mi hijo. Toda lo demás era confusión. ¿Por qué sucedió esto? ¿Cómo sucedió esto? ¿Es por mi culpa? ¿Qué significa esto... para Jim... para su familia? ¿Es esto un pecado? ¿Y la iglesia? ¿Cómo podemos decirles a nuestros amigos? ¿Qué debo hacer ahora? ¿Y qué sobre el SIDA? Cada pregunta me traía mas preguntas.

Rogué "iDios, por favor ayúdame a entender!" La comprensión no llego rápidamente, pero encontré consuelo en saber que Dios amaba a mi hijo.

Busqué información y ayuda. Hace diecisiete años había muy poca información disponible sobre la homosexualidad y mucho menos información que hablara sobre la homosexualidad y la iglesia.

Jim había confiado en uno de los sacerdotes de nuestra parroquia, el Padre Tom;  y me sugirió que hablara con el.  Días después – todavía llorando--lo llamé y le dije simplemente, "Jim me lo á dicho todo." La respuesta del Padre fue absolutamente pastoral, pero lo que recuerdo mejor, fue lo que dijo para confortarme; que por lo menos Jim no tenía una enfermedad terminal. Esto era verdad, y por eso yo estaba agradecida. Sabía que el Padre solo había intentado poner mi preocupación en una perspectiva más clara.  Pero él realmente no entendía por lo que yo pasaba en ese momento.  Necesitaba hablar con alguien que entendía. . alguien que había pasado por estos mismos sentimientos, por este miedo, por está agitación emocional y mental y al final había salido del otro lado sano.

Encontrar esta clase de persona era virtualmente imposible, especialmente dando mi aprensión de incluso decir las palabras "homosexual" o la palabra  "gay." Si Jim era la única persona gay que yo conocía, entonces, seguramente no conocía a padres de una persona gay. O quizá sí, pero como nadie me confiaría esta información, no había manera de saber. El aislamiento, que uno crea, continúa el ciclo negativo del secreto.

Satisface mi necesidad de obtener información robándome libros de la  biblioteca pública –tenia miedo que alguien se preguntara porqué estaba interesada en ese tipo de libros. Devolví los libros, pero antes de hacerlo aprendí muchas cosas provechosas:

  • Aproximadamente 3 a 10 por ciento de de la población es gay. 
  • Los científicos, inciertos sobre las causas exactas de la homosexualidad, generalmente acuerdan que la orientación sexual es fijada a muy temprana edad y no es causada por una madre dominante y un padre débil o ausente, pero por una variedad de factores.
  •  A mediados de los años 1970s, la Asociación Psiquiátrica Americana y la Asociación Psicológica Americana rechazo oficialmente la clasificación de homosexualidad como una "enfermedad".
  • Tener una orientación homosexual no es una opción -- y la iglesia enseña eso también.
  • La evidencia científica demuestra que la terapia de conversión no ayuda y además demuestra que puede ser dañoso en algunos casos.
  • Alguna gente cree que si un homosexual le ruega a Dios bastante puede cambiar. Después leí la historia de Bobby Griffith, de 19 años de edad.  El saltó a la autopista, enfrente de un tractor-trailer.  Su comunidad, su familia y su iglesia, todos, le habían dicho, que él era un aborrecimiento ante Dios. . . y él les creyó. En su diario él escribió: ¿"por qué me hiciste esto a mí, Dios? ¿Me voy a ir al infierno? Ésa es la pregunta que tengo siempre en mi mente.  Por favor no me envíes al infierno. ¿No soy realmente tan  malo, o sí? La vida es tan cruel e injusta."
  • El Reporte sobre Suicidio Juvenil  de la Secretaria de Servicios de Salud y Recursos Humanos de los EE.UU. (1989) concluyó que la juventud gay y lesbiana tiene de 2 a 3 veces más probabilidad de tratar el suicidio.

Aunque mi parroquia era una comunidad maravillosa, cariñosa, llena de compasión, esté era un tema NUNCA hablado. No fue hasta 1987, cuando nuestra parroquia ofreció un taller sobre la homofobía y la homosexualidad, que comencé a sentir que mi hijo era bienvenido en nuestra iglesia y que quizás yo no estaba sola. La cosa más importante que hizo ese taller fue romper el silencio alrededor del tema de la homosexualidad. Salí de de esa experiencia convencida que si amaba a mi hijo, tanto como yo decía que lo amaba, no podría seguir en silencio. Ese silencio perpetuaba el aislamiento y alimentaba la vergüenza que sentía, haciendo un ciclo interminable de dolor. Después del taller, todavía no era fácil hablar del tema, pero comprendí que era posible.

Paso un largo tiempo antes de superar mis miedos. Fue tres años después cuando tuve el valor de decirle a mi mejor amiga, nueve años después cuando tuvimos el valor de decirle a nuestra familia entera y diez años después cuando nos sentíamos totalmente cómodos hablando de las alegrías de tener un hijo gay y la tristeza, el coraje y la frustración que uno siente con las actitudes de la sociedad y de nuestra iglesia hacia nuestros hijos gay e hijas lesbianas.

Cómo habrían sido las cosas diferentes si la Carta Pastoral de los Obispos de los Estados Unidos de 1997 titulada  Siempre Nuestros Hijos (Always Our Children) y dedicada a los Padres de Hijos Homosexuales hubiera estado disponible en 1983.  Los obispos describen Siempre a Nuestros Hijos  como "una mano estirada. . . a los padres y a otros miembros de la familia, ofreciéndoles una mirada nueva a la gracia presente en la vida familiar y la, nunca lejos, misericordia de Cristo Nuestro Señor...”Al leer de las emociones que los padres sienten al enterarse que su hijo es gay, está claro que alguien en la iglesia finalmente está escuchando las experiencias que han vivido estos padres y han escuchado su dolor, lucha y amor. El documento comienza admitiendo que la enseñanza de la iglesia sobre la homosexualidad puede ser una fuente de confusión y conflicto, y describe las emociones que los padres pueden sentir: alivio, coraje, luto, miedo, culpabilidad, vergüenza, soledad, y por ultimo, protección y orgullo maternal y paternal. Las mismas emociones fueron admitidas en una encuesta que yo administre en 1998, con 220 padres Católicos de hijas lesbianas y de los hijos gay.

Los resultados de esta encuesta demuestran que los padres pasan por los siguientes sentimientos y emociones: temor (78%), confusión (56%), dolor/luto (49%), protección paternal/maternal (47%), aceptación (43%), culpabilidad (39%), soledad/aislamiento (34%), coraje (27%), vergüenza (25%), y alivio (13%).

Los obispos demostraron un gran entendimiento al poner énfasis a las emociones más dolorosas, y al amor y la preocupación de los padres. Reconocen que hay unos padres que al enterarse de la verdad, sienten alivio, después de un período muy largo de preocupación por su hijo. Cuando finalmente saben por lo que está pasando su hijo, sienten como si un gran peso a desaparecido, o más específicamente, sienten que  pueden compartir con sus hijos el peso que ellos sienten.  Y después, con una confianza cariñosa entre ellos, empiezan a construir una relación más cercana, más honesta.

La mayoría de padres pasan por sentimientos de miedo y pena. Temen que su hijo sea rechazado, acosado, discriminado, golpeado, quizás incluso matado. También temen que  los amigos, la familia y la iglesia los rechacen a ellos, como padres. . . que la gente "los culpe" a ellos, cuando en realidad, no han hecho nada incorrecto y no hay nada mal con su hijo.

La mayoría de los padres pasan por una temporada de luto (por lo menos un poco) cuando aprenden que su hijo es gay. Eso no quiere decir que se comportan como si su hijo haya muerto – aunque hay unos padres que si se comportan de esa manera.  Pero lo que los padres sienten, es que han perdido todas sus expectativas. La mayoría de nosotros  asumimos que nuestros hijos tendrán vidas, como las nuestras-solamente mejor. Tenemos la sensación que si nuestros hijos hacen las cosas diferentemente, ellos nos están rechazando. Asumimos que nuestros hijos se casarán y tendrán una familia. Uno incluso no piensa en ello. La pérdida de esas expectativas es un ajuste muy grande para los padres. Después de un tiempo descubrí, que las expectativas que tengo de Jim realmente no han cambiado. . son las mismas expectativas, las mismas esperanzas, que yo tengo de todos mis hijos. . que sean buena gente, que sean felices, que sean sanos, y que se esfuercen para conocer a Dios y que se esfuercen en encontrar su lugar en la casa de Dios.

De las muchas declaraciones que hicieron los obispos en Siempre Nuestros Hijos, dos de ellas me afectaron profundamente. Cuando leí que nuestros hijos gay y nuestras hijas lesbianas están "dotados con la habilidad de discernir un propósito diseñado por Dios," yo me puse feliz.  Porque de hecho, Jim, al igual que todos mis hijos, "están dotados con esa habilidad." Jim, encontrara en las profundidades de su corazón y con la gracia de Dios, cual es ese propósito. Y lloré, cuando los obispos terminaron su carta pastoral diciéndoles a nuestras hijas lesbianas e hijos gay que "en [ ellos ] el amor de Dios se revela." Una verdad profunda y simple nunca antes escuchada del liderazgo de la iglesia.

Lo Que Necesitan Los Padres de la Iglesia
Los padres necesitan afirmación y validez de su iglesia cuando, inicialmente, aprenden que un hijo es gay. Pero el papel crucial de la fe y la ayuda crítica de la comunidad de la iglesia no disminuyen, y a menudo, aumentan con el tiempo. Muchos padres encuentran fuerza en su fe y en los sacramentos incluso mientras su iglesia, su parroquia, no hace caso, despide o niega su necesidad.

Algunos documentos del Vaticano pueden ser confusos, e incluso pueden hacer que se sienta dañado.  Los padres pueden tener una gran dificultad el distinguir entre los significados filosóficos y psicológicos de palabras como "problema." Pueden desear proclamaciones más compasivas y más sensibles de Roma, pero lo qué desean y necesitan más, es la ayuda de su iglesia local: su diócesis, su parroquia, la comunidad de la iglesia que es (o debe ser) la mano y el corazón cariñoso de Cristo en sus vidas cotidianas.

En la encuesta mencionada anteriormente, los padres fueron preguntados qué necesitaban y esperaban de la iglesia. Las ideas y las sugerencias que ofrecieron caen en cuatro áreas de preocupación generales: educación, afirmación y aseguración, ayuda, y ser bienvenido.

Los padres ven una necesidad crítica de educación, desde el pastor y su personal al la comunidad de la iglesia. Piden ministros sabios y no críticos, dispuestos
 a contestar  preguntas, y entrenados en le arte de escuchar. Esperan que los ministros pastorales aprendan sobre la gente homosexual y sus familias especialmente hablando con los padres de hijos gay y de hijas lesbianas. Y finalmente, desean la educación para la comunidad de la iglesia a través de talleres, y otros foros informativos.

Los Católicos lesbianas y gay y los que los aman esperan ser tratados con la dignidad y respeto que se merece toda la gente de Dios. Por lo menos, merecen vivir libres de declaraciones y acciones basadas en miedo. De hecho, el amor de los padres hacia su hijos gay debe ser apoyado y afirmado, y deben ser asegurados, por los ministros de la iglesia, que Dios ama a su hijo gay. Necesitan saber que no han hecho nada mal. Esperan que su iglesia los apoye fuertemente a ellos y a sus hijos gay, asegurándoles que toda la gente gay y lesbiana son hijos de Dios. Y esperan ver aprecio sincero hacia sus hijos gay e hijas lesbianas y por lo que ellos pueden contribuir a la comunidad de la iglesia.

El aislamiento es uno de los impedimentos más grandes para entender y dar paz a los  padres. Los padres articulan claramente la necesidad de grupos de ayuda o de una red de  padres dispuestos a compartir sus experiencias, escuchar y animar a otros padres. Desean romper el silencio y ponerle un alto a los secretos. Recomiendan boletines, en las parroquias, que publican los grupos de ayuda.

Como comunidades Cristianas, deseamos que todos se sientan bienvenidos, y en la superficie, parecen dar la bienvenida. Quizás la prueba para saber si en realidad se es bienvenido, es cómo una parroquia responde a los católicos gay, lesbianas y a sus familias. A menudo, en parroquias Católicas, la existencia de la gente gay y de sus familias se niega; el primer paso para dar la bienvenida es dejar de negar a sus compañeros gay. Para ser amado, una necesita ser reconocido, así es como un ambiente de bienvenida comienza.  El silencio debe romperse. No tenga miedo de tener discusiones sobre homosexualidad. Reconozca y celebre los regalos de la gente gay y lesbiana que ha servido a la iglesia en el pasado así como las que están sirviendo a la iglesia en silencio. Y siempre condene las acciones, los patrones, y las creencias que apoyan la homofobía.

Cuando la comunidad de la iglesia es educada, cuando ofrece afirmación a los padres y ofrecen apoyo a sus hijas lesbianas e hijos gay, y cuando proporciona ayuda a los que se sienten confusos y aislados, es cuando la comunidad ha roto el silencio.  Y está es la manera de dar la bienvenida a todos.

El reconocimiento, afirmación, apoyo y bienvenida será sentido más profundamente en familias. La familia es la arena en donde los hijos primero encuentran amor, comprensión,  aceptación, ayuda, afirmación, y ternura; y donde primero aprenden del amor incondicional que Dios tiene para ellos. Y la comunidad de la iglesia reafirma todos esos valores para el hijo. Pero cuando el hijo descubre que es diferente, puede asumir que la familia ya no es el lugar seguro y cariñoso de antes, y puede percibir señales que en la iglesia ya no esta seguro y no es bienvenido.

Toda la comunidad de la iglesia necesita entender, afirmar, apoyar y dar la bienvenida, porque hay hijos en cada parroquia, como Mike, que es gay, pero no lo sabe todavía, y Maria, que es lesbiana, pero no lo sabe todavía. Si la mamá y el papá de Mike y la mamá y el papá de Maria tienen una comunidad Cristiana que los apoya y tienen acceso a los recursos necesarios, cuando sospechen que su hijo es homosexual, o cuando escuchen  las palabras, "Mamá, papá, ` soy gay.'" o "Mamá, papá, ` soy lesbiana, '" ellos podrá abrazar a sus hijos con amor.  Sabiendo que no están solos, que todo el amor de Dios esta allí, para darles fuerza, y que este amor, también esta en la comunidad de la iglesia. Y sabrán que la suya, es una familia afortunada, con un hijo "dotado y llamado para discernir un propósito  diseñado por Dios," en quién el "amor del dios se a revelado."