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Este Día de Recordación Transgénero, “Caminemos adelantes en hermandad”

Lo siguiente viene de Joanna, una mujer que divide su tiempo entre trabajar por una cadena local de un hotel y promoviendo conocimiento de los asuntos de la comunidad transgénero como voluntaria con una organización sin fines de lucro en Washington, DC, Casa Ruby. Joanna y su familia están presentadas en Ante Dios, todos somos familia, un cortometraje de A La Familia, un proyecto del Programa de la Religión y la Fe de HRC.

-“¡Sal afuera a jugar!” me decía mi madre a lo que yo le respondía –“No quiero sudar.”  Esta era una conversación frecuente entre mi madre y yo, en su afán por que yo hiciera cosas más “masculinas”. Debido a esto yo me escaba a la casa de mi vecina, Alini. En su cuarto yo encontraba consuelo en donde podía jugar con sus muñecas y cepillar su cabello. ¡Cuánto anhelaba tener una hermana! Alguien con quien pudiera ir de compras y que pudiera pintarnos nuestras uñas mutuamente.

En la escuela superior yo estaba atraída a las chicas, pero era para poder vivir su feminidad indirectamente. Poco después de graduarme comencé a dejarme crecer mi cabello  y aunque todas mis amigas me apoyaban, ellas no podían entender por lo que yo estaba pasando. Yo era una mujer sola en una isla.

En mi búsqueda de encontrar a alguien con quien pudiera identificarme, recurrí al internet. Ahí fue donde conocí a Dayana, una hermosa joven latina transgénero que vivía a tres horas y media de distancia, en Miami. Teníamos la misma edad y estábamos ambas en la etapa inicial de transición.  Quizás parecíamos travesti al mundo exterior, pero a nosotras no nos importaba. Nosotras nos sentíamos bravas. En Dayana me encontré a la hermana que tanto me anhelaba, y aunque nunca nos habíamos conocido en persona, comenzamos a desarrollar una bonita hermandad.

Pasaron varios meses y me di cuenta que tiendas que mostraban letreros de “se necesita ayuda” no podían ni considerar la idea de permitirme llenar una solicitud.  Comencé a sentir la carga tanto emocional como financiera, y eventualmente la presión ganó y me corté mi cabello. Le dije a mi nueva hermana que iba a retrasar la transición hasta que me sintiera más estable. Al ser una tremenda amiga, ella apoyó mi decisión.

Luego de algunos años llegué a Washington, DC. Ya no tenía que lidiar con el desempleo y estaba viviendo en una ciudad que no solamente me otorgaba derechos que antes me denegaban, sino que también luchaba ferozmente por protegerlos. Me di cuenta que el momento por el cual esperaba había llegado. Tenía un buen trabajo en una maravillosa ciudad, estaba viviendo por mi cuenta y nada podía detenerme. Inspirada por las jóvenes transgénero en el centro comunitario en donde era voluntaria, decidí que era el momento. Ya no podía negarme el privilegio de ser la verdadera yo, esa mujer que había suprimido por tanto tiempo. Le llamé a Dayana y le dije que iba a comenzar a tomar hormonas. Ella estuvo afablemente sorprendida y me dijo que pensaba que ese momento nunca iba a llegar.

Cuando comencé a decirles la verdad a mis amigos y mi familia, fueron Dayana  y estas amistades recién formadas las que me ayudaron en este proceso y las que celebraban conmigo estos pequeños hitos en mi transición. Inicié el tratamiento de hormonas en octubre del año 2012. En febrero empecé a ser mujer a tiempo completo y en marzo cambié legalmente mi nombre y mi género.

A diferencia de Florida, DC fue un buen lugar para hacer la transición; comenzar las hormonas era tan fácil como tomar el teléfono y hacer una cita. Incluso, la universidad de derecho local ofrecía clínicas gratis para facilitar el cambio de nombre.

Pero no todo en DC es color de rosa. Justo dos semanas luego de mi llegada al Distrito, una joven llamada Deoni Jones fue brutalmente asesinada mientras esperaba al autobús en una de las calles de la capital de nuestra nación. Desde ese entonces ha habido muchos otros incidentes en donde mujeres transgénero han sido acosadas y golpeadas, una fue apuñalada varias veces y a otra le dispararon. El hecho que una de mis queridas nuevas hermanas, las que siempre quise tener mientras crecía, pudiera ser arrebatada en cualquier momento, es uno que es demasiado de real.

Todos los Día de Recordación Transgénero reflexionamos en las hermanas que han sido arrebatadas demasiado pronto, pero este año quiero celebrar a mis hermanas que han enriquecido mi vida de infinitas maneras. Desde Dayana, que me escucha hora tras hora acerca de mis problemas con los hombres; a Ashley y Anahomi, que llenan con risa mis días; a Ruby y Consuela que me otorgan su invaluable sabiduría y me guían a través de mi transición; a Laverne Cox y Janet Mock, que contantemente me inspiran a ser mucho más que lo que la sociedad espera de mí. Decir que he sido profundamente bendecida por haber conocido a estas mujeres sería una gran subestimación.

Me dijeron hace algunos meses –“Joanna, tú no tienes que decirle a nadie que eres transgénero, nadie lo pensaría.” Y pensé que yo podía vivir mi vida discretamente y no tener que preocuparme por el acoso que permea nuestra comunidad, no es como si le debo algo a alguien. Yo estaba muy equivocada. Mientras más aprendía acerca de las mujeres transgénero que vinieron antes de mi, me di cuenta que yo les debía muchísimo, al ser ellas las que forjaron el camino por el que pude encontrar mi verdad. Y el quedarme de brazos  cruzados y en silencio mientras atacan y asesinan a otra de mis hermanas, como si su vida no valiera nada, sería una desgracia a la valentía con la que estas mujeres han vivido sus vidas.

Así que este año, mientras reflexionamos acerca de las hermanas que hemos perdido y celebramos las hermandades que hemos forjadas, renovemos nuestra compromiso de alzar nuestras voces; si no es por Deoni, entonces por la infinidad de las mujeres que vinieron antes que ella y las otras que vendrán luego, porque hacer cualquier otra cosa sería un deshonor a su legado. Caminemos adelantes en hermandad, cargándonos y apoyándonos una a la otra, porque aún queda mucho trabajo que hacer.
 

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